El grupo Fenwald, distribuidor de artículos deportivos, vende una marca secundaria adquirida por 300.000 y amortizada por 120.000 en la fecha de la venta. El precio es de 230.000; un banco de inversión factura 6.000 por la operación. El director general señala que Fenwald vende marcas con regularidad y propone incluir el precio de venta en los ingresos ordinarios. ¿Qué tratamiento debe adoptarse?
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